19/08/2010
Siete años y cinco meses después de la invasión encabezada por Estados Unidos, la última brigada norteamericana de combate salió de Irak, bastante antes de que venza el plazo establecido por el presidente Barack Obama para terminar las operaciones de combate.
En Washington, el portavoz de las fuerzas de Estados Unidos en Irak dijo el jueves que la PolicÃa y los militares iraquÃes están preparados para la tarea de mantener al paÃs seguro después que la salida de las tropas de combate norteamericanas, pero añadió que cuanto antes el gobierno de Kabul se estabilice el paÃs estará más tranquilo.
El general de división Stephen Lanza dijo a la cadena de televisión CBS que las fuerzas de seguridad iraquÃes han demostrado profesionalismo y voluntad de mejorar y que han hecho grandes avances desde 2003.
La misión de los 50.000 soldados de Estados Unidos que permanecerán en Irak, que no son de combate, será la de seguir entrenando a las fuerzas de seguridad iraquÃes como parte de la Operación Nuevo Amanecer.
Lanza dijo que menos de 6.000 efectivos de combate permanecen en Irak mientras la reducción continúa hacia la fecha lÃmite de retirada del 1 de septiembre.
Al llegar su convoy al paso fronterizo de Khabari, entre Irak y Kuwait, los soldados norteamericanos lanzaron aclamaciones y gritaron de alegrÃa, salieron de sus vehÃculos blindados, desplegaron una bandera estadounidense y posaron para tomarse fotografÃas.
Para estas tropas de la Cuarta Brigada Stryker de la Segunda División de InfanterÃa fue un momento de alivio cargado de simbolismo.
Cuando el soldado raso Luke Dill, de 18 años en ese entonces, llegó a Irak por primera vez como parte de la invasión estadounidense, su vehÃculo Humvee era tan vulnerable a las bombas que los soldados cubrÃan el piso del mismo con chalecos antibalas.
Ahora de 25 años y ascendido a sargento del Estado Mayor después de dos perÃodos de servicio, salió de Irak esta semana en un Stryker, un vehÃculo colosal de ocho ruedas con blindaje y equipo suplementario de protección contra granadas y otros proyectiles.
“Es algo de lo que voy a estar orgulloso el resto de mi vida: el hecho de que llegué en la ofensiva inicial y ahora estoy saliendo con las últimas unidades de combate”, dijo.
Dill recordó tres dÃas consecutivos de ataques de mortero a las afueras de la ciudad de Nayaf en el 2003; fue tan ruidoso que, después de que terminaron los disparos, el silencio lo mantuvo despierto por las noches. Recordó los cielos nocturnos sobre la norteña ciudad de Mosul siendo iluminados por proyectiles desde todas direcciones.
Ahora le aguarda en Olympia, Washington, una motocicleta “Big Boy” Harley-Davidson que compró a uno de los distribuidores de la compañÃa en bases estadounidenses en Irak, una vÃvida ilustración de lo enraizada que está la presencia estadounidense desde la invasión del 20 de marzo del 2003.
Esa presencia está lejos de haber terminado: algunos soldados de combate diseminados aún esperan su salida, y aproximadamente 50.000 permanecerán en Irak otro año en labores no combativas. Portarán armas como defensa personal y acompañarán a tropas iraquÃes en misiones, pero sólo si se les solicita. Fuerzas especiales continuarán ayudando a los iraquÃes a cazar terroristas.
Asà que la cifra de soldados estadounidenses muertos en Irak -al menos 4.415 según el Pentágono hasta el miércoles- podrÃa no ser todavÃa la definitiva.
La Brigada Stryker, que lleva el nombre del vehÃculo que transporta tropas hacia sitios de batalla y los saca de los mismos, perdió 34 soldados en Irak. Estuvo en la vanguardia de muchas de las batallas más intensas, incluidas operaciones en el este de Bagdad y la provincia de Diyala, un epicentro de la insurgencia, durante “el repunte” de ésta en el 2007.
Antes del 31 de agosto, aproximadamente la mitad de los 4.000 soldados de la brigada salieron en avión como la mayorÃa de los otros que dejaron Irak, pero sus lÃderes se ofrecieron para que el resto saliera por tierra. La decisión permitió que la unidad mantuviera 360 Strykers en el paÃs durante tres semanas adicionales para tener a mano armamento adicional durante el “perÃodo de ansiedad” que siguió a las elecciones del 7 de marzo.
Comandantes estadounidenses dijeron que fue una idea de la brigada, no una orden de sus superiores. (AP)